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Embarrarla

De vez en cuando uno la embarra. Emprendedores y mentores nos dicen que así aprendemos. Debemos embarrarla frecuente y rápido para así darnos cuenta-que vamos por mal camino-y corregir en la marcha. Entre más la embarremos, más vamos a entender el sistema. Embarrarla además nos ayuda en ocasiones similares futuras a no repetir los mismos errores.

Sin embargo, es difícil dejar a un lado la parte emotiva. Siempre estará el miedo, ese sentir que está en riesgo de desaparecer una oportunidad por la cual estamos trabajando duro. No debemos tener miedo a perder. El miedo nubla la cabeza. Tampoco darlo por perdido.

Preguntarme ¿qué fue lo que no funcionó? o si ¿será que ese proyecto no funciona? no es el camino. Son preguntas que tienen un tono negativo, y que seguro algún experto en PNL criticaría. Dan por sentado que no funciona.

Antes de preguntar ¿qué tanto corregir? ¿valdrá la pena abandonar la idea? ¿vuelvo a empezar? debo evaluar para dónde voy.

La pregunta correcta es ¿cuál es mi meta? y eso me dirá si debo seguir por la izquierda o por la derecha, o tal vez para arriba. Siempre buscando cuál es el siguiente paso que me acercará a mi meta.

No hay un volver a empezar. El tiempo no se puede devolver. Y los caminos recorridos no se van a deshacer.

Siempre habrá una infinidad de metas y de caminos para llegar a cada una de ellas. Hay que tener claro ¿cuál es mi meta? y después de cada cagada decidir cuál es el siguiente paso que me mueve hacia ella.