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Bravo y curioso

No se puede estar bravo y curioso al mismo tiempo.
Cuando estamos bravos creemos que tenemos la razón
y eso inhibe nuestra capacidad de hacer preguntas, de cuestionarnos.
Si estás bravo no estás receptivo.
Hay que esperar a que pase la bravura y hacer las preguntas.
Una vez pasa podemos aprender.