by

El ritmo del pan

El arte de hacer buen pan es cogerle el ritmo.
Hay que refrescar, y re-refrescar, amasar, armar la lonja, y hornear, todo a su debido tiempo.
No es una vez, es periódico. Hacer pan todos los días tiene su ritmo, semanal es otro. Cuando estamos coordinados es fácil y todo sale bien.

Cambiar el ritmo implica que tenemos que coordinar todos nuevamente.

Somos Pepita Rausch (una masa madre que vive conmigo), bacterias y levaduras, un horno, recipientes, utensilios y yo. Coordinamos tiempos y cantidades. Porque cada uno tiene sus dinámicas.

Yo como a un ritmo, pepita también. Los dos nos activamos según la cantidad de alimento que tenemos a disposición y según el clima.

Hay tandas en que estamos muy coordinados. Y si alguno cambia la dinámica perdemos el ritmo. Toca entre los dos, cediendo poco a poco, volver a coordinar.

Si ya tengo un ritmo que funciona es mejor no cambiarlo.
Si perdimos el ritmo, toca escuchar y conectar.