Bestias Antiguas

Hay bestias antiguas que hemos aprendido a domesticar.
El agua sucia, los huesos rotos, la basura, las cuentas.
Llevan con nosotros desde el principio,
y con el tiempo hemos aprendido a convivir con ellas.

Hemos identificado lo que creemos que son dos especies similares.

A unas las domesticamos con infraestructura.
Un sistema se encarga de que la bestia no aparezca en nuestra mente.
Pagamos por este servicio.
El acueducto, por ejemplo, se encarga de traernos agua.
Una bestia que podría ser gigante, nunca llega mientras paguemos la cuenta.
El día que esta infraestructura falla,
el día sin internet, o sin electricidad,
estos problemas se agrandan si les damos atención.
Si por el contrario decidimos aprovechar para hacer algo diferente,
puede llegar a ser un gran cómplice.

A otras las domesticamos con un oficio.
Aquí mi bestia salvaje se elimina al recurrir a un especialista.
Y al experto le aparece una bestia diferente que sabe controlar.
Un ejemplo es romperse un hueso.
Sabemos que hay un ortopedista que sabe qué hacer.
Es una bestia que no crece gracias a que se ha desarrollado una ciencia para ello.

Todavía no sabemos si las bestias domesticadas por infraestructura
y las domesticadas por oficio
son la misma especie vista desde dos lados o si son dos especies parecidas.
Unas dejaron de nacer.
Las otras siguen naciendo, y ya sabemos a quién acudir.