Un problema de indecisión es una bestia que genera presión hacia llevarnos a tomar una decisión.
Hay unas acotados en tiempo.
Otras solo acumulan presión y esto hace que cada vez sea más importante tomar esa decisión.
La decisión que tomemos va a generar repercusiones.
Y muy probablemente despertar otras bestias.
Y es esa incertidumbre la que nos nubla.
Nos bloquea.
A veces deja vacío en el estómago.
Hay bestias pequeñas como si pido el mismo plato, o ensayo algo diferente.
Otras más grandes como qué voy a estudiar de carrera universitaria, o dónde voy a vivir.
Esa bestia, sea cuál sea se acaba en el momento en que tomo la decisión.
Nota: decidir no tomar la decisión es una decisión factible en muchos de los casos.
Un problema es una bestia
que aparece cuando en tu mente hay una discrepancia
entre tu estado y tu deseo.
Aparece cuando la percibes.
Y percibir ya es una forma de actuar — no es solo mirar, es hacer algo.
Tienes que sostener esa diferencia para que exista:
Seguir percibiendo, activamente,
sin querer soltar — sin dejar que tu deseo se rinda ante lo que ya es.
Mientras la sostienes, hay problema.
El momento en que sueltas
— cambias el deseo, o aceptas el estado —
el problema desaparece.
Pierde lo que lo sostenía como problema.
Sin alguien percibiendo, no hay problema.
Solo hay un estado del mundo.
Así como no hay nota musical sin algo vibrando.
Un problema no es la brecha en sí.
Ni es el acto de sostenerla.
Es la bestia que aparece cuando la sostienes.
El comportamiento de esa bestia depende de cómo percibes:
la forma en que percibes determina en qué se convierte.
Es importante contemplar, buscar, indagar,
hacer preguntas,
buenas preguntas.
Y es importante crear.
No solo en el sentido económico,
o artístico,
sino en que aprender implica tocar,
implica ser activo,
apropiar.
Que sea tuyo.
Y una manera de que sea tuyo es creándolo.
Es metiéndolo en tu mundo.
Que no se te olvide crear.
