Un problema es una bestia
que aparece cuando en tu mente hay una discrepancia
entre tu estado y tu deseo.
Aparece cuando la percibes.
Y percibir ya es una forma de actuar — no es solo mirar, es hacer algo.
Tienes que sostener esa diferencia para que exista:
Seguir percibiendo, activamente,
sin querer soltar — sin dejar que tu deseo se rinda ante lo que ya es.
Mientras la sostienes, hay problema.
El momento en que sueltas
— cambias el deseo, o aceptas el estado —
el problema desaparece.
Pierde lo que lo sostenía como problema.
Sin alguien percibiendo, no hay problema.
Solo hay un estado del mundo.
Así como no hay nota musical sin algo vibrando.
Un problema no es la brecha en sí.
Ni es el acto de sostenerla.
Es la bestia que aparece cuando la sostienes.
El comportamiento de esa bestia depende de cómo percibes:
la forma en que percibes determina en qué se convierte.
Es importante contemplar, buscar, indagar,
hacer preguntas,
buenas preguntas.
Y es importante crear.
No solo en el sentido económico,
o artístico,
sino en que aprender implica tocar,
implica ser activo,
apropiar.
Que sea tuyo.
Y una manera de que sea tuyo es creándolo.
Es metiéndolo en tu mundo.
Que no se te olvide crear.
Durante el trasteo me encontré con el dilema de ordenar ahora o ordenar después. Ordenar ahora hace que el proceso de empacar sea más lento.
Porque implica decidir —para cada cosa— si quiero llevarla conmigo,
imaginármela armonizando en su nuevo sitio,
y lo más difícil de todo, el desapego.
Es más fácil empacar todo.
Claro que eso implica cargar más peso,
moverme más despacio,
tener que buscarle sitio a más cosas,
y tal vez cargar pesos innecesarios por un rato.
Hay cosas fáciles de dejar atrás.
Otras que no estoy listo para soltar.
Algunas merecen un buen hogar.
El nuevo espacio determinará qué cabe y qué no cabe,
qué se adapta y qué no se adapta.
También me dará tiempo para buscarle un sitio en el mundo a cada cosa.
