Problemas simples

Hay ciertos problemas simples que viven en nuestras rutinas.
Un escritorio desordenado, una basura en la calle.
Son cosas que nos molestan si les paramos bolas,
si las ignoramos, no existen.

Y que son muy fáciles de arreglar.

Pueden crecer si estamos estresados, alterados.
Y volverse algo grande, que tal vez alimenta otro tipo de criaturas.
No lavar la loza, puede no ser problema hasta que se vuelve una gran pelea marital,
o llegan cucarachas.

Son problemas que tienen el poder de invocar problemas grandes,
ruidosos y explosivos.

Final Mínimo Viable

A veces, llegamos a un punto donde ya no sabemos qué sigue,
o dónde eso que sigue está lejano,
agobiante,
complicado.

Nos entra la pereza.
Estamos cansados.

Nos preguntamos ¿por qué estoy haciendo esto?
Y hemos trabajado duro en este proyecto.
No vale la pena dejarlo tirado,
y no es claro dónde acaba.

Ponle un final mínimo viable.
Es una herramienta que genera alivio.
Te da foco,
acota el problema.

Y no es obligación parar ahí.
Sí por alguna razón quieres parar,
tienes algo que mostrar.

Cementerio de proyectos

Los proyectos se deben acabar,
o evolucionar.

¿Cuándo están listos?
¿Cuándo están muertos?

¿Necesito un proyecto para gestionar mis proyectos?
¿Cuántos proyectos puedo manejar al tiempo?

A veces nos encariñamos,
a veces somos tercos y necesitamos acabar algo.

El problema muchas veces es que no sabemos cuándo acaba.
Somos nosotros los que definimos cuándo acaba algo.

Ponle a cada proyecto un criterio de cierre,
una fecha,
un hasta dónde.


Escríbele una lápida,
los aprendizajes.
Compártelo.

No tengas proyectos eternos.
Ten un cementerio de proyectos.

El blog de dumpa

Los problemas se arreglan solos

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