A veces, llegamos a un punto donde ya no sabemos qué sigue,
o dónde eso que sigue está lejano,
agobiante,
complicado.
Nos entra la pereza.
Estamos cansados.
Nos preguntamos ¿por qué estoy haciendo esto?
Y hemos trabajado duro en este proyecto.
No vale la pena dejarlo tirado,
y no es claro dónde acaba.
Ponle un final mínimo viable.
Es una herramienta que genera alivio.
Te da foco,
acota el problema.
Y no es obligación parar ahí.
Sí por alguna razón quieres parar,
tienes algo que mostrar.
