A veces nos escuchan porque hablamos duro
y así apagamos el resto.
Hablamos como por altoparlante.
Nuestro discurso se vuelve obligante,
una forma de comandar.
Otras veces nos escuchan porque resonamos.
Nuestro discurso en armonía con los demás.
Es más como un coro.
Juntos sonamos.
Es mejor resonar,
que la autoridad seamos todos.
que el discurso dure,
que sonemos todos.
No tiene sentido caminar con una piedrita en el zapato.
En el momento en que aparece hay que parar,
quitarse el zapato,
sacar la piedrita.
Es mejor enfrentar esas piedritas de una vez.
Dejarlas desgasta.
En vez de oponernos a acciones de los demás,
usémoslas para iniciar nuevas acciones,
que a su vez hagan que ellos inicien nuevas acciones.
En vez de oponernos, iniciemos.
Bailemos.
