Pensar no es decidir.
Es convocar.
Es abrir un espacio invisible
donde algo puede llegar.
Es llamar sin saber a quién.
Es sentarse en círculo con lo posible.
Es preparar el terreno
para que algo crezca.
Pensar no es concluir.
Es invocar la posibilidad.
Es hacerle campo al futuro,
a lo incierto,
a lo que todavía no ha tomado forma.
No se trata de pensar sobre el mundo,
sino de pensar con el mundo.
Pensar es tejer.
Conectar visible e invisible.
Hilar algo que aún no tiene cuerpo.
Pensar no es ordenar.
Es dejar que algo se ordene.
A veces pensar es quedarse quieto.
A veces es danzar adentro.
A veces,
pega mundos.
Une partes que no se tocaban.
Une tiempos que no se conocían.
Pensar es un arte invisible.
Y no todo pensamiento quiere ser acción.
Algunos solo quieren existir.