Pensamos el conocimiento como datos.
Como algo que se mide.
Se guarda.
Se ordena.
Pero el conocimiento viene.
Como viento.
Como canto.
Como la vibración de una piedra al sol.
El chamán no “lee” la naturaleza —
conversa con ella.
El agua recuerda.
Los cristales estabilizan.
Los pájaros llevan el mensaje.
Y el chamán escucha con todo su ser.
La pregunta moldea el mundo.
Y el mundo responde en sintonía.
Sin gritar, paciente,
esperando que le hablen bonito.
No busquemos respuestas.
Convoquémoslas.
Nuestra atención abre senderos.
Y esos senderos cruzan tiempo y espacio.
El chamán sintoniza.
Escucha.